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El Arte en Córdoba

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Arquitectura. En Córdoba han aparecido restos arqueológicos muy primitivos, ló que demuestra que fue poblada en épocas remotas, aunque su origen sea problemático. Entre estos restos destacan algunos idolillos ibéricos en bronce. Ahora bien, cuando empieza a cobrar importancia en el desarrollo del arte hispánico es después de su ocupación por Roma (206 a. Córdoba), pues al llegar a ser, en el 152 a. Córdoba, capital de la Hispania Ulterior, el pretor Claudio Marcelo la amplifica y la dota de bellos edificios, de los que se conserva el magnífico puente; aunque éste ha sufrido restauraciones en distintas épocas, es ejemplo importante de la ingeniería augustea. De otros edificios civiles apenas quedan algunos soberbios mosaicos, hoy en gran parte en el Museo Arqueológico de la ciudad, que es uno de los mejor instalados de España, y donde se guardan otros vestigios romanos, como una Minerva y un espléndido busto. En la mezquita también existen gran número de columnas de este momento, en gran parte procedentes de la misma Córdoba
La época paleocristiana también ha dejado en Córdoba muestras importantes de su arte; especialmente destacan dos buenos ejemplares de sarcófagos. Del periodo visigodo quedan piezas decorativas y arquitectónicas en la mezquita o en el museo, que nos hablan del esplendor del momento. Pero cuando Córdoba adquiere un desarrollo artístico inusitado es en la época musulmana, especialmente en su primera etapa, llamada justamente cordobesa (v. MUSULMÁN, ARTE), que abarca desde la conquista de la ciudad, a principios del s. vIII, hasta la desaparición del califato. La obra maestra es la mezquita aljama, comenzada por Abderramán I en el 780, aprovechando en parte la iglesia visigoda de S. Vicente; posteriormente es objeto de tres ampliaciones, siendo la de la época de Almanzor la última y más monumental, pero la menos hermosa. De tiempos de Hixem I son un buen número de arcos del puente romano, y del periodo de Abderramán II, los antiguos alminares de las iglesias de S. Juan y Santiago. Apenas quedan vestigios del Alcázar musulmán en la ciudad; pero en los alrededores de Córdoba se encuentran las ruinas del que fue el más bello palacio musulmán de Occidente, Medina Azahara , creación de Abderramán III.
Después de la ocupación de Córdoba por S. Fernando (1236), se levantan edificios en los que se combina lo gótico con lo mudéjar; este rey funda la capilla de S. Clemente en la mezquita, que convierte en catedral, con el nombre de S. María la Mayor. Córdoba tiene un momento de esplendor con Alfonso XI, quien, en 1328, construye sobre un viejo edificio el Alcázar de los Reyes Cristianos, cuyos jardines aún siguen teniendo gran belleza. Los Reyes Católicos, al convertir este Alcázar en centro de operaciones contra Granada, llevan a cabo ciertas reformas, especialmente en la torre del homenaje. En 1371, Enrique II de Trastámara funda la capilla de S. Fernando o Capilla Real en la catedral, totalmente ornamentada al gusto mudéjar o mixtiárabe, ya que sus zócalos alicatados, yeserías con atauriques y bóvedas de mocárabes, están muy próximas a los de la Alhambra . También se debe a Enrique II la decoración mudéjar de la puerta principal de la mezquita, llamada del Perdón y la Calahorra (1369). Gran parte de los bellos azulejos de cuerda seca que decoran estas edificaciones, están realizados en alfares locales, como los de la interesante capilla morisca de S. Bartolomé.
Hasta los comienzos del s. XVI la mezquita en lo esencial permanece intacta; mas, a propuesta del obispo Alonso Manrique, que intenta sobrepujar la grandiosidad del monumento islámico con una verdadera catedral renacentista dentro de la propia mezquita, se comienza en 1523 el derribo de partes esenciales del inigualable edificio; pero el Cabildo y el Consejo municipal ordenan a todos los que intervengan en la nueva construcción el abandono de las obras, bajo pena de muerte y confiscación de bienes, para «que se conservara la antigüedad y fábrica particular que no había en otra parte». El Emperador concede el permiso para la obra, aunque más tarde se arrepentiría. La edificación de esta Capilla Mayor la dirige, hasta 1547 en que muere, Hernán Ruiz, el Viejo, arquitecto burgalés, continuándola su hijo; en 1599 es concluida por el tercer arquitecto de la familia. Éste realiza el proyecto de cubrición del alminar, cuyas obras se terminan en 1664, dándole un aspecto barroco. Hacia 1580 se construye el convento del Carmen Calzado, cuya Iglesia ostenta uno de los mejores artesonados de lazos de Córdoba
Es muy numeroso el número de iglesias de Córdoba, entre las que merecen destacarse las de S. Nicolás de la Villa, S. Pedro y la Magdalena, con algunos restos tardorrománicos y mudéjares; la portada de S. Jacinto, gótica con motivos platerescos, y la iglesia de S. Francisco, de estilo barroco.
Pintura y escultura. La pintura comienza su desarrollo en Córdoba en la época gótica, con un marcado carácter mudéjar, pero a fines del s. XIV penetran influencias florentinas; ejemplo de ello es el retablo de la Virgen de la Leche en la catedral. Dentro del estilo hispanoflamenco existe en Córdoba un pintor original, Pedro de Córdoba, que firma y fecha en 1475 la Anunciación de la catedral; en ella, de forma original, ha colocado un escenario en alto, donde María pronuncia su fíat, mientras que en la parte inferior aparecen los donantes con acompañamiento de santos. En las postrimerías del s. XV, trabaja algunos años en Córdoba, antes de su traslado a Sevilla, el pintor de origen nórdico Alejo Fernández (ca. 1470ca. 1546; v.), realizando un Cristo a la columna (Museo de Bellas Artes) y un tríptico, hoy en el Pilar de Zaragoza, centrado por una original Santa Cena, con marcado sentido de la perspectiva. En su círculo destaca Pedro de la Romana (Virgen, en el Museo de Bellas Artes). A fines de siglo sobresale el pintor miguelangelista Pablo de Céspedes (15381608; v.).
La pintura cordobesa de la época barroca, aunque está en contacto directo con la sevillana, no carece de figuras con fuerte personalidad. En los primeros años del s. XVII sobresale Juan Luis Zambrano (m. 1639); malogrado, no llega a realizar una labor copiosa, pero su Martirio de S. Esteban (catedral) es de un bello efectismo. La figura principal del momento es Antonio del Castillo , que influirá fuertemente en Juan de Valdés Leal (162290; v.), pintor sevillano pero de formación cordobesa, que deja en Córdoba gran parte de su obra juvenil; su primera obra fechada es el S. Andrés (1649), de la iglesia de S. Francisco, y culmina su producción en Córdoba con el soberbio retablo del Carmen. En el Museo de Bellas Artes, muy necesitado de una adecuada reinstalación, se conservan importantes obras de él y su escuela. Entre otros seguidores de Castillo destaca el jiennense Sebastián Martínez, que realiza el Nacimiento y la Concepción del convento del Corpus antes de trasladarse a la corte, donde será pintor del rey. Juan A. de Frías y Escalante (163070; v.), aunque nace en Córdoba y en ella recibe su primera formación, se traslada muy joven a Madrid, donde desarrolla su estilo barroquizante. A comienzos del s. XVIII, F. A. Palomino (16551726; v.),pintor nacido en la provincia (Bujalance), realiza el retablo mayor y los grandes cuadros de la capilla de S. Teresa en la catedral.
Las mejores esculturas que existen en Córdoba desde el s. XVI al XIX son realizadas por artistas foráneos; son obras destacadas, el coro de la catedral de P. Duque y Cornejo (16771757; v.), y S. Teresa (catedral), de José de Mora (16421724; v. MORA, FAMILIA), y las esculturas del retablo de la Concepción (Inmaculada, S. José y S. Ana), obra de Pedro de Mena , también en la catedral. Mas no por ello Córdoba carece de escultores nativos, como Pedro de Paz, que esculpe las grandes figuras del retablo mayor de la catedral. En cambio florece una escuela de orfebrería; aunque sea la pieza fundamental del s. XVI la Custodia de Juan de Arfe (v. ARFE, FAMILIA), en el s. XVII se desarrolla este arte y culmina en el s. XVIII con las obras del eminente platero cordobés Damián de Castro, que en 1776 cincela un cáliz y un copón de oro admirables. En el s. XIX, la gran figura es el escultor neoclásico. J. Alvarez Cubero (17681827; v.), que n. en Priego de Córdoba, y buena parte de su etapa formativa transcurre en Córdoba Aunque de menos valor, también es cordobés José Tomás (¿1795?1848), cuya obra más famosa es la Fuente de los Galápagos en el Retiro madrileño. En el primer tercio del siglo actual alcanza gran fama Julio Romero de Torres (18801930; v.), gracias a especulaciones eróticopatológicas en las que son protagonistas lánguidas y desvestidas jovencitas; su paleta en tonos aceitunados, a la vez que resalta la melancolía de sus personajes, elimina los contrastes.

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